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Entrevista a Javier Altayó, traductor de Cixin Liu

Javier Altayó es un traductor freelance de Barcelona y residente en Taipei (Taiwan), donde además enseña castellano. Es conocido por su traducción de “El sueño de la montaña de oro”, de Zhang Ling, aunque su trabajo más reciente ha sido “¿Quién cuidará de los dioses?”, de Cixin Liu. Además de su trabajo como traductor, es muy activo en la promoción de literatura china en el mundo castellanoparlante. Su más reciente traducción es “El problema de los tres cuerpos”, de Cixin Liu.

El problema de los tres cuerpos remueve ‘algo’ en el lector, tal vez los pensamientos más internos del ser humano. ¿Para ti qué ha supuesto traducir a Cixin Liu?

Un privilegio. En su día leí esta primera entrega a insistencia de un amigo y, como todo el mundo, me quedé enganchado. Es verdad que tiene algo especial, yo creo que es la facilidad con la que Liu te lleva de lo mundano a lo trascendente. Abre la novela con la cruda realidad de la Revolución Cultural China contada a pie de barricada y de repente, cuando crees que el libro va de eso, te coge del mentón y hace que mires hacia las estrellas, que te plantees muchas cosas. Lo cierto es que nunca imaginé que acabaría traduciendo la saga completa. Di por sentado que si llegaba a traducirse al español iba a ser como tantas otras veces de manera indirecta, con el inglés como lengua intermediaria, algo que como consumidor evito y a lo cual profesionalmente me niego. Para cuando me propusisteis este trabajo el mundo entero andaba ya loco con la novela y clamando por leerla en español, casi no podía creer que estuvierais dispuestos a darme el tiempo necesario para hacer una buena traducción directa.

¿Cuál es el tono del estilo narrativo de Cixin Liu en chino?

Liu escribe sin ninguna clase de floritura: es de los que pasa de complicaciones y, si puede, escribe «miró» en vez de «posó la vista». En ese aspecto, traducirle no entraña dificultad especial. Para mí, la gracia de lo que escribe es la visión que tiene del mundo y cómo, usando esa misma naturalidad con la que se expresa, logra comunicarla. Me viene a la cabeza, por ejemplo, lo que dice en este primer volumen sobre el Planetario de Pekín. En apenas un párrafo y sin que el ritmo de la narración decaiga, hace un paralelismo entre la estructura de cristal del edificio principal y la inmensidad del universo que consigue poner blanco sobre negro la exacta sensación que yo tuve al visitar el edificio en 2005, recién inaugurada la ampliación, pero no atiné a describir más allá de «imponente» (por algo él es el escritor y yo el traductor). La imagen que evoca no solo es imborrable en la mente del lector sino que viene a cuento de una reflexión de enorme calado; ahí reside la verdadera maestría de Liu, no en el número de adjetivos por página. Y el don que tiene para explicarte los conceptos más abstractos de la física cuántica haciendo uso de objetos tan cotidianos como puede ser el filtro de un cigarrillo es impresionante, ¡es el rey indiscutible de la analogía!

El problema de los tres cuerpos

¿Has necesitado consultar con el autor o fuentes externas los términos científicos que tienen cierto peso en la novela? ¿Has estado en contacto con el traductor americano Ken Liu durante el proceso de traducción?

En el caso concreto del primer libro (y en lo que llevo del segundo) no ha sido necesario importunar al autor con mis preguntas, lo cual es algo que suelo reservar para casos de extrema necesidad. Quienes sí tienen que soportar el acoso constante de mis dudas son mis amigos y conocidos en distintos departamentos de la Universidad Nacional de Taiwán, los cuales a día de hoy siguen cogiéndome el teléfono, yo creo que de puro milagro. En cuanto a Ken Liu, me puse en contacto con él antes de aceptar el proyecto para intercambiar impresiones tal y como hice la anterior vez en la que me disponía a traducir algo que él había traducido antes (el relato «Quién cuidará de los dioses», justamente también de Cixin Liu). Estos intercambios te ayudan a hacerte una idea de lo que va a comportar un proyecto y anticipar dificultades de cara a establecer plazos de entrega más realistas, pero ahí suele terminar todo. En esta ocasión tomé la decisión consciente de no tocar siquiera la traducción de Ken, cuya fama como traductor es del todo merecida, para que no me influyera. Eso sí, luego, una vez terminada mi versión, durante la fase de revisión, corrí a devorarla y debo reconocer que al final terminé incorporando varias de sus soluciones estilísticas. Me siento especialmente en deuda con él por el hallazgo que supone la traducción que ideó para determinado concepto ficticio mencionado en la trama que en español, gracias a él, es «sofón».

¿Por qué crees que la trilogía de los Tres Cuerpos ha tenido tanto éxito en China? ¿Qué tipo de lectores tiene?

Ignoro el secreto de su éxito. Sí tengo claro que calidad no le falta, pero puede decirse lo mismo de muchas otras obras que no logran ni la mitad de la repercusión que está teniendo la trilogía Tres Cuerpos. Todo empezó con los lectores de género y de ahí fue ampliando su público –de forma exponencial a partir del segundo tomo– hasta convertirse en un verdadero fenómeno de masas. En China no solo va a estrenarse una película basada en el libro, sino que también preparan una ambiciosa serie de televisión e incluso existe un musical…

¿Qué diferencias ves entre los lectores de ciencia ficción chinos y los occidentales?

Partiendo de la base de que no hay un único tipo de lector de ciencia ficción chino porque no hay un único tipo de ciencia ficción china, resulta difícil establecer diferencias y semejanzas. Dicho esto, en términos generales, sí noto que el chino es un lector de ciencia ficción mucho más militante, por así decirlo, que tiende a leer y ser fan de este género de manera única y exclusiva y, por no leer, no lee ni fantasía. Pero ya digo que es un grupo muy heterogéneo.

¿Te sorprende la repercusión de Cixin Liu en Occidente?

Me sorprende en la medida en que autores no de género igualmente geniales apenas se editan o pasan sin pena ni gloria. Pero calidad no le falta.

¿Ves un boom en la edición de género en China? ¿Hay más autores interesantes?

Más que un boom, a lo que se está asistiendo desde principios de los noventa del siglo pasado es al lento retorno de la ciencia ficción al lugar preponderante que ocupaba en los ochenta antes de que desde altas instancias se alzaran voces en contra de su supuesta propugnación de una «falsa ciencia» y provocaran lo que los aficionados conocen como «la década de hibernación» del género. Ante la pregunta de si hay más autores chinos interesantes, tengo la tentación de parafrasear a Carl Sagan en boca de uno de sus personajes y decir que China es un sitio muy, muy grande, que si solo estuviera Liu Cixin… cuánto espacio desaprovechado, ¿no? Hablando ya en serio, los interesados pueden comenzar por Han Song y Wang Jinkang, que son los otros dos pesos pesados de la ciencia ficción en China junto a Liu y no sin motivo. Luego, Hao Jingfang está de actualidad porque su novela corta «Folding Beijing» acaba de ganar un merecido premio Hugo.

Podéis poneros en contacto con Javier Altayó a través de su cuenta de Twitter y a través de su página web.